Investigación

¿Es la criogenización una alternativa real o están vendiendo humo?

criogenización

Cualquiera que haya experimentado la pérdida devastadora de un ser querido puede comprender el impulso de aferrarse a cualquier cosa que pueda hacer que esa persona regrese. Es ese impulso el que hace que algunas personas paguen para la criogenización o para congelar los cerebros de sus seres queridos con la esperanza de que algún día, la tecnología del futuro les permita devolver la mente de esa persona con sus recuerdos, personalidad, experiencias y amor intacto.

El mundo de la criogenización tuvo mucha popularidad recientemente después de una muy discutida historia del New York Times por la periodista ganadora del premio Pulitzer, Amy Harmon, quien documentó la desgarradora muerte de una mujer de 23 años cuando sucumbió al cáncer, y la subsiguiente preservación de su cerebro.

Pero el problema con esta la industria, según Hendricks, es que cualquier sugerencia de que puedes volver a la vida es simplemente un sueño.

Según Alcor, la compañía de criogenización que congeló el cerebro de la mujer, argumentó que la periodista se basa en varias suposiciones erróneas.

Defensores y detractores de la criogenización

Los defensores de la crioconservación creen que si las conexiones del cerebro se mantienen intactas, la esperanza es que los futuros científicos puedan leerlas en un cerebro congelado y recrear a esa persona a partir de esas conexiones, ya sea implantadas en un cuerpo y cerebro artificial o en un ordenador. Si se implanta en un ordenador, esa recreación se conoce como «carga mental».

empresa de criogenización

Para muchos especialistas, la criogenización sería una falsa si implica «cargar la mente» en un ordenador, ya que muchas de las personas que eligen preservar sus cerebros y cuerpos esperan que en el futuro sea posible reparar este cuerpo congelado a nivel molecular.

Otros afirman que si las conexiones del cerebro se conservaran, cartografiaran y conocieran perfectamente, esas conexiones por sí solas no son suficientes para recrear la conciencia o simular la vida.

Un cerebro vivo es más complejo que eso, y son las acciones dentro del cerebro las que hacen a cada individuo diferente, no solo su estructura. El mismo conjunto de conexiones sinápticas puede funcionar de manera muy diferente dependiendo de qué mezcla de señales [neurotransmisor] esté presente en un momento dado.

Las señales enviadas de un lado a otro a través de la mente, compuestas por químicos, proteínas e impulsos eléctricos, junto con genes activados en diferentes momentos, son los elementos que físicamente conforman nuestra memoria.

El solo congelar un cerebro y preservar estáticamente sus conexiones no mantiene estas características. La conciencia en el cerebro es dinámica, no una cosa fija que se puede congelar en el tiempo.

La idea de que el cerebro es más complejo que sus conexiones es una de las que comparten muchos neurocientíficos y los psiquiatras. Sin embargo, sus defensores -la mayoría empresas de criogenización-, sostienen que el objetivo de la criogenización es conservar los detalles finos del cerebro e incluso asegurar la viabilidad del cerebro lo mejor que se pueda.

Aún así, muchas cosas sobre el cerebro vivo y lo que lo hace funcionar sigue siendo misterioso. En realidad, no sabemos lo que está pasando en la mente hasta que tengamos una forma de ver la actividad en tiempo real, esencialmente a la velocidad del pensamiento, para que pueda capturar lo que está activado, cuándo y cómo.

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